Con este título, salió publicada en octubre de 2022, la última novela de Héctor Abad Faciolince. Es la historia de Luis Córdoba, un sacerdote glotón, con severos problemas de obesidad que espera a sus 50 años un trasplante de corazón. La obra es narrada por su colega de sacerdocio y profesor de la biblia, Aurelio Sánchez, un cura gay que fue su amigo cercano durante muchos años y que fungió como su confidente que no como su confesor.
El gordo como le decían sus amigos cercanos: “Tal vez no quería solamente un corazón ajeno para seguir viviendo, sino también un corazón ajeno para empezar una segunda vida”. Esa nueva vida que esperaba, lo alejaría de su vocación sacerdotal por siempre ante el surgimiento de un amor no necesariamente casto y espiritual.
Con los personajes de la narración, Héctor Abad nos sumerge en un caleidocospio de reflexiones alrededor del ejercicio de la vida sacerdotal. La opción libre por el celibato y sus implicaciones. Sus desvíos en la reprochable y condenable pederastia que ha surgido y ha sido reconocida en la Iglesia Católica y que en la novela toca a las más altas jerarquías.
El gordo nos habla de la compasión y de las cosas malas que traen las cosas buenas, de los complementos extraños y necesarios. Plantea reflexiones como cuando afirma que “…si no hubiera enfermos, no hubiera médicos. Si los niños no fueran pequeños y frágiles, no habría maternidad. Si todos fuéramos perfectos, nadie necesitaría a nadie. Cada carencia implica que alguien suple esa carencia y la mejora y la hace menos honda”.
Hay referencias sobre la desconfianza de la felicidad. El narrador nos muestra como cada vez que ésta asomaba en la vida de Córdoba, inmediatamente ocurría como en una película dramática una tragedia que la hacía desaparecer. Sin embargo, el gordo con una profunda capacidad de resiliencia seguía adelante con gran estoicismo.
La manera de entender el sacerdocio de Córdoba encuentra explicación en el contexto de la apertura mental del Concilio Vaticano II y su segunda conferencia de obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano, Celam, celebrado en Medellín en agosto y septiembre de 1968, famosa por defender tesis de la opción preferencial por los pobres, violencia estructural, participación de los laicos, educación y evangelización mucho más libres y abiertas a las manifestaciones culturales y sociales del mundo contemporáneo.
Basado en lo anterior, el gordo evangelizaba a través de las cosas que más le gustaban: la música y el cine. Esto le permitió llevar una vida y hacer un trabajo sacerdotal por fuera de los esquemas y sin sobresaltos.
A través de sus páginas, el lector se va adentrando en un relato profundamente humano donde afloran los sentimientos contradictorios, las dudas del personaje, la esperanza y la desesperanza, el narcotráfico como telón de fondo, los amores extraviados y el dolor que generan, la arrogancia, el autoritarismo de las jerarquías, la soberbia del conocimiento, la alegría y la tristeza.
El personaje es un sacerdote y, ante todo, un ser humano, con todas sus alegrías, contradicciones y tribulaciones. La narración avanza con un ritmo pausado, pero va creciendo hasta atrapar al lector, que termina acompañando a Luis Córdoba en su anhelo de una nueva oportunidad para vivir. Una oportunidad que solo parecía posible cuando, tras el esperado trasplante, pudiera silenciar el trote sin compás y los latidos pesados de su corazón grande.







