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Opinión que desarrolla y construye paz

Contrastes
Publicado: junio 2, 2026

Las elecciones presidenciales han dejado un escenario político marcado por los contrastes. Más allá de las emociones de campaña, de las redes sociales y de los espectáculos multitudinarios, los colombianos estamos llamados a tomar una decisión fundamental que definirá el rumbo del país durante los próximos años.

En esta segunda vuelta se enfrentan dos visiones profundamente diferentes de Colombia. De un lado, Iván Cepeda representa una propuesta progresista que pone el énfasis en la defensa de los derechos humanos, la protección de la vida, la ampliación de derechos sociales y la búsqueda de soluciones dialogadas a los conflictos nacionales. Del otro, Abelardo de la Espriella encarna una propuesta fascista que plantea revertir las transformaciones impulsadas en los últimos años por el gobierno del presidente Petro y que apuesta por una visión distinta del papel del Estado y de la economía.

La trayectoria pública de Iván Cepeda ha estado ligada durante décadas a la defensa de las víctimas, los derechos humanos y la construcción de memoria histórica. Incluso sus adversarios reconocen la coherencia con la que ha sostenido esas banderas a lo largo de su vida política. Su discurso gira alrededor de la inclusión social, la justicia y la búsqueda de una sociedad menos desigual.

Abelardo de la Espriella, por su parte, ha desarrollado una cuestionada carrera como abogado penalista, representando paramilitares, narcotraficantes y a Alex Saab que desangró las finanzas de los venezolanos pobres. Sus partidarios se dejan deslumbrar por sus gritos altisonantes y sus shows en las tarimas. Esa diferencia en las trayectorias ayuda a entender también las distintas maneras en que ambos se acercan a la política.

Otro de los grandes contrastes está en la visión ambiental. Iván Cepeda ha defendido una transición energética gradual, la protección de los ecosistemas estratégicos y una política de desarrollo compatible con la sostenibilidad ambiental. En temas como el fracking, su posición ha sido de rechazo, argumentando los riesgos que esta técnica puede representar para las fuentes hídricas y los territorios.

Abelardo de la Espriella ha expresado una postura favorable depredación de la naturaleza (fracking, explotación del carbón y acabar con los páramos) como mecanismo para impulsar el crecimiento económico y fortalecer las finanzas públicas. Allí aparece una diferencia fundamental entre quienes priorizan la protección ambiental y quienes consideran que el desarrollo económico justifica destruir la naturaleza y la vida.

También existe una distancia significativa respecto a las reformas sociales. Cepeda plantea la necesidad de consolidar avances en materia laboral, pensional, educativa y de acceso a derechos para los sectores históricamente excluidos. Considera que el Estado debe desempeñar un papel activo en la reducción de las desigualdades.

En contraste, De la Espriella propone disminuir el salario vital, acabar con lo avanzado en materia pensional para los abuelos, defender a ultranza a los empresarios, seguir inyectando billones de pesos a las EPS, afectar la educación pública gratuita, entre otras. Son dos formas distintas de entender cómo debe organizarse la sociedad colombiana.

Las diferencias también se reflejan en los estilos de liderazgo. Iván Cepeda suele proyectar una imagen serena, argumentativa y dialogante. Sus intervenciones públicas acostumbran privilegiar la reflexión y el debate de ideas. Abelardo de la Espriella, en cambio, se caracteriza por un estilo confrontacional, grosero y agresivo, que genera preocupación por la polarización que puede producir y la violencia que esto puede engendrar.

En la relación con la prensa también se observan matices importantes. Cepeda ha mantenido históricamente una disposición al debate público, incluso frente a medios críticos. De la Espriella ha protagonizado diversos enfrentamientos con periodistas y medios de comunicación, lo que ha alimentado cuestionamientos sobre su relación con la crítica y el escrutinio público.

En definitiva, esta elección no enfrenta simplemente a dos candidatos. Enfrenta dos concepciones de país. Una apuesta por profundizar políticas de inclusión social, protección ambiental y ampliación de derechos. La otra, arrasar con las conquistas sociales y avanzar hacia un modelo neoliberal en favor de unas minorías privilegiadas.

Por eso conviene recordar algo elemental: una campaña presidencial no es un concierto, un espectáculo ni una competencia de frases estridentes. Es un ejercicio democrático mediante el cual los ciudadanos evalúan propuestas para organizar la sociedad y construir el futuro de la nación.

Los colombianos no deberíamos dejarnos deslumbrar únicamente por las luces, los escenarios o los discursos cargados de emoción. Lo verdaderamente importante es analizar qué proyecto político ofrece mayores garantías para la vida, la convivencia democrática, el respeto por las diferencias y la preservación de las conquistas sociales que el país ha alcanzado.

Ese es el contraste que hoy está en juego por eso mi opción es por la vida y por Iván Cepeda.

Autor: admin

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