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La hora de la verdad
Publicado: mayo 26, 2026

Esta fatigante campaña presidencial llega a su final. Aún es incierto si habrá segunda vuelta. Los eventos de cierre de los candidatos punteros fueron multitudinarios y en ellos se vio de todo. Aun sin debates suficientes, el elector pudo observar los grandes contrastes y lo que cada aspirante a la presidencia representa y defiende.

Un candidato utiliza las redes para venderse como el outsider que salvará a Colombia, a pesar de los señalamientos que lo vinculan con la defensa de mafiosos y corruptos, y de haber sido abogado de Alex Saab, recientemente extraditado desde Venezuela a los Estados Unidos.

Dice “conectar con la gente” y luchar contra la casta, mientras por la puerta de atrás deja entrar a políticos cuestionados de distintas regiones. Se presenta como el representante de “los nunca”, alguien ajeno a los privilegios del Estado, mientras investigaciones periodísticas muestran contratos por miles de millones de pesos. El campeón de la incoherencia, aunque pose precisamente de lo contrario.

Su campaña privilegia más el espectáculo que las propuestas. Luces, bailarines, fuegos artificiales y cantantes vallenatos buscan deslumbrar al elector. Quiere vender la idea de que cualquiera puede llegar a la presidencia, mientras su campaña derrocha recursos, se moviliza en helicóptero y convierte cada aparición pública en un show cargado de espectacularidad y vacuidad.

Es agresivo con la prensa, señalado además de misógino y acosador. Incluso llegó a presumir del tamaño de su miembro viril frente a una periodista, en una actitud irrespetuosa y lamentable. Quiere emular a Milei, Trump y Bukele. Formula iniciativas irrealizables y amenaza con “destripar” a la izquierda, a la que considera su enemiga.

Otra candidata reconoce abiertamente ser la candidata de Uribe, con todo lo que ello implica. Habla de defender la democracia y la Constitución frente a la supuesta amenaza de la izquierda. Aunque ganó la consulta de sectores de centro derecha, no parece tener la fortaleza esperada y su candidatura naufraga lentamente. Rodeada de los partidos tradicionales, observa cómo muchos políticos se deslizan hacia quien representa la extrema derecha.

Está también el candidato puntero en todas las encuestas. Filósofo y defensor de los derechos humanos, hijo de una víctima del genocidio contra la Unión Patriótica. Su campaña se desarrolló principalmente en la plaza pública, movilizando cientos de miles de seguidores. Es reposado, analítico y no intenta posar falsamente de lo que no es. Su mensaje ha sido claro: profundizar los logros del proyecto progresista, reconociendo también los errores cometidos por el gobierno.

Algunos lo califican de aburrido y de ser el “anticandidato” por leer sus discursos. Él reivindica esta manera de presentar sus propuestas porque considera que así el elector sabe realmente por qué va a votar. Lo indiscutible es que, siendo como es, llenó plazas y despertó un fervor similar al del presidente Petro.

En las pocas entrevistas concedidas quedó en evidencia su talante y estatura intelectual. Su manera tranquila de responder y, sobre todo, lo que representa y defiende. Sin ambigüedades afirma que gobernará para los pobres y excluidos y que promoverá un gran acuerdo nacional sin exclusiones.

Quedan pocos días para que el elector indeciso tome una decisión. Más allá de la campaña descarada de buena parte de la gran prensa en favor de las opciones de derecha, Colombia decidirá, ojalá sin fraude alguno, qué camino quiere seguir. Veremos si el país avanza en la profundización de un mandato orientado a las grandes mayorías excluidas o si, encandilado por los focos del espectáculo, termina optando por una alternativa que represente un retroceso frente a los logros impulsados por el progresismo.

Autor: admin

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