Estamos en la segunda semana, luego de conocidos los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial. Se han hecho análisis hasta la saciedad tratando de entender los mismos. Estos abarcan una pluralidad de enfoques, desde los que advierten sobre las debilidades de la campaña de Cepeda, pasando por quienes señalan el alinderamiento de las fuerzas de la derecha y la compra de votos como causa de lo acontecido, hasta los que interpretan los guarismos como una fascinación de grandes masas de personas por los hoy llamados psicópatas de cuello blanco donde ubican claramente a Abelardo de la Espriella.
Todas estas lecturas y muchas más sirven a los analistas pero a las campañas les preocupa ahora lo que viene hacia la contienda electoral del próximo 21 de junio. Lo que hemos visto en estos días es que Abelardo de la Espriella ha estado casi desaparecido y en su lugar han venido posicionando a su fórmula vicepresidencial José Manuel Restrepo, quien ahora lo venden en los medios corporativos como experto en todos los temas humanos y del más allá.
El tigre de la Espriella ha pasado a un lugar más oculto en la campaña como el resultado de sus anuncios altisonantes e irrealizables. Ha dicho una sarta de barbaridades que le empiezan a mermar votos: 1) Dolarizar la economía, 2) Hacer fracking en todas partes, 3) Recortar en un 40% el gasto público eliminando y fusionando más de 100 instituciones del estado, 4) Construcción de megacárceles, aumento de penas y mayor represión, 5) Fumigación con glifosato para erradicar los cultivos ilícitos sin detenerse a pensar en sus efectos sobre la salud y los ecosistemas, 6) Eliminación de la JEP afectando los mecanismos de verdad, justicia y reparación para la víctimas, entre otros.
Su campaña sabe que por su temperamento impulsivo puede seguir cometiendo errores que crecen a su adversario. Muchos empleados públicos sienten miedo del recorte propuesto a las instituciones y no votarán por el. Los jóvenes de las universidades públicas han hecho gigantescas movilizaciones rechazando la propuesta del candidato amenazando acabar la educación pública y se activan para conseguir primivotantes para frenar el paso de una opción política de esta naturaleza.
Los campesinos beneficiarios de la reforma agraria, los indígenas y afrodescendientes saben que con de la Espriella retrocederían y en sus territorios se agudizaría el conflicto social y armado. Anhelan avanzar en la solución a sus problemas y necesidades y no que solamente se militaricen los campos agudizando la confrontación bélica.
Las mujeres se han levantado igualmente rechazando a este candidato misógino, machista y patriarcal. Muchas organizaciones y mujeres independientes no quieren un gobierno con este tipo de personas que no dudan en menospreciar e irresperlas en plena campaña electoral aún necesitando de sus votos.
Muchos sectores del centro del espectro político se deslizan hacia la campaña de Cepeda porque como dijera Sergio Fajardo en alguna de sus intervenciones: “Abelardo de la Espriella tiene un comportamiento atarbán. Es un tipo machista, vulgar que no puede ser presidente de Colombia”.
Algunos siguen deshojando margaritas sobre qué hacer y cómo votar el 21 de junio. Han hecho pública su postura ambigua y enfatizan en que el voto en blanco siendo una opción no sería la mejor decisión. Este grupo de electores es fundamental para inclinar la balanza para uno u otro lado.
Quedan pocos días para la contienda y siguen sucediendo hechos, por ejemplo en Perú acaba de darse una remontada del candidato progresista sobre Keiko Fujimori la candidata de la derecha, poniendo de presente que la segunda vuelta es otra campaña y otra cosa distinta a lo que ya pasó.
En Colombia se tensan las fuerzas progresistas y se mueven las placas tectónicas para generar una gran ola, una gran franja amarilla que junte las más diversas vertientes sociales, de pensamientos y sentimientos para revertir un resultado que amenaza con traer una época oscura para el país con retroceso en lo social, exacerbación de la violencia política y desencanto en los corazones esperanzados en que podamos vivir en un mejor país.
Todavía hay tiempo. Millones de colombianos pueden sumarse a una visión de país centrada en la vida, la esperanza y el bienestar colectivo. La invitación es a continuar dialogando, convenciendo y construyendo, desde la participación democrática, un futuro que responda a los sueños y aspiraciones de una nación más justa y en paz.







