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Fútbol y política
Publicado: julio 17, 2026

Existen símbolos de identidad capaces de cohesionar a una región o incluso a un país entero. En algunos textos anteriores señalaba como el Deportes Tolima era uno de esos referentes para el departamento. La selección Colombia también llegó a ocupar ese lugar durante una época inolvidable. Sus gestas deportivas llevaron al país entero a vivir momentos de auténtica euforia colectiva.

¿Qué aficionado al fútbol de generaciones anteriores podría olvidar el gol de Fredy Rincón en el empate agónico de nuestro equipo jugando frente a la selección de Alemania en el Mundial de 1.990?. Inolvidable también la goleada propinada a Argentina por cinco a cero en las eliminatorias del celebrado en Estados Unidos en 1.994. Esos resultados exacerbaban el nacionalismo y unían a la ciudadanía alrededor de una camiseta y nuestra bandera.

Esa unidad propiciada por los resultados de la selección de fútbol y sus jugadores son cosa del pasado. La polarización política la contaminó severamente. La mayoría de los futbolistas (aunque hay otros actores como la dirigencia y la prensa deportiva), integrantes del conjunto nacional, tomaron partido en la contienda electoral por la presidencia, generando distanciamiento y rechazo en medio país. El pasado 4 de junio, mientras el presidente Petro despedía al seleccionado para su viaje al mundial, se vieron rostros adustos y despectivos de varios jugadores, cuando el primer mandatario hacía su intervención. Mostraron su desagrado y antipatía. Hasta el capitán, James Rodríguez, le hizo un desplante a la hija menor, negándose a posar para una fotografía con ella.

Ya antes había sucedido un hecho inédito con la camiseta amarilla del seleccionado nacional. El entonces candidato de la Espriella se había adueñado hábilmente de ese símbolo de identidad, generando un profundo malestar en las personas contrarias a su proyecto político. Ha sido tan grande el desagrado que muchas personas afirman no querer usar esa prenda por la connotación política adquirida. Pasó de ser un motivo de orgullo y pertenencia colectiva a convertirse, para muchos, en un símbolo asociado a la confrontación política.

En la primera vuelta de la elección presidencial era evidente el uso como distintivo político de la campaña de la Espriella, como sucede habitualmente en los comicios, donde los movimientos políticos utilizan camisetas para identificar a sus simpatizantes. Una camiseta que pasó de ser símbolo de unión a factor de división y conflicto.

La contaminación política del fútbol se agudizó con dos hechos desafortunados. El primero cuando aparecen varios jugadores en pleno mundial en una gran mesa sentados realizando el saludo militar, dejando ver públicamente sus preferencias por un candidato que utiliza ese símbolo. El episodio que terminó de consolidar esa percepción, fueron las declaraciones de tres figuras del fútbol colombiano, a su regreso derrotados del mundial, cuando declararon que “cesó la horrible noche”, en alusión a la elección del nuevo presidente. Algunas personas en las redes dicen que esta selección se transformó en partido político y en propagandista de las tesis de la ultraderecha.

La selección Colombia parece atravesar uno de los momentos de mayor distanciamiento con una parte importante de la afición. Nadie los fue a recibir, nadie ondeó banderas, ni les organizó homenajes. En medio de la polarización política, medio país se alegró de su eliminación.

Diferente es el sentimiento de los noruegos con su selección. Un equipo nacional convertido en motivo de orgullo colectivo y un futbolista que despierta admiración dentro y fuera de su país. Apoteósico recibimiento le brindó su pueblo, a pesar de no llegar a la final. Sus jugadores son considerados unos héroes. Vieron la consolidación de un nuevo ídolo: Erling Haaland de 25 años.

Recuperar el carácter unificador de la Selección Colombia probablemente tome tiempo. Cuando un símbolo nacional queda asociado a una causa política, inevitablemente pierde parte de su capacidad para representar a todos. Esa parece ser la principal lección de esta historia: el fútbol une cuando permanece por encima de las disputas partidistas.

Autor: admin

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