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Reconfiguración del poder
Publicado: agosto 7, 2026

Lo que está ocurriendo en Colombia no es simplemente la alternancia entre un gobierno de izquierda y otro de derecha. Estamos presenciando una profunda reconfiguración del poder político, especialmente dentro de la propia derecha, donde el liderazgo histórico del uribismo enfrenta el desafío de una nueva corriente encabezada por Abelardo de la Espriella.

Las grietas se perciben. Las manifestaciones son públicas y se han ventilado suficientemente por los medios masivos y plataformas digitales. Es indudable que la victoria de la Espriella, envalentonó a su entorno más cercano y al mismo presidente electo. Al no deber su triunfo a los partidos políticos existentes a quienes despreció en público pero se quedó con sus líderes visibles en privado, ahora siente que él con su estilo singular debe tener su propio movimiento que gravite alrededor de él y sus tesis.

El pulso es indudable y se siente con mayor fuerza después de la medición en la elección del presidente del Senado. Allí el expresidente Uribe le mostró los dientes a de la Espriella, notificándole su obstinada defensa de los intereses del Centro Democrático. En una alianza impensable hace un tiempo con el Pacto Histórico, le propinó una derrota, eligiendo al candidato de su partido.

Es evidente que emerge una nueva derecha si se quiere más radical y extremista. Populista y estridente. Soportada en el trabajo político en las redes y haciendo uso de la Inteligencia Artificial como lo hace el presidente Trump en Estados Unidos, con un liderazgo como de la Espriella, altamente personalizado y mediático. Esa expresión le disputa el poder a un uribismo que gira alrededor de su máximo líder Álvaro Uribe. Un político en el ocaso de su carrera que arrastra muchas y complejas investigaciones que amenazan con llevarlo a la cárcel.

Ante esta circunstancia, el uribismo comienza a fracturarse y no es ese sector pétreo de antes. En esta pugna ya varios de sus alfiles representativos, han dado la voltereta. Varios de ellos sin palidecer militan en el sector de Abelardo, olvidando que sus espacios de representación y dignidades públicas las tuvieron con Uribe. En política no hay partidos ni movimientos monolíticos. La militancia y sus dirigentes se mueven alrededor de oportunidades y conveniencias y menos por sus posturas ideológicas.

Abelardo y su movimiento político quieren arrasar con el Centro Democrático. Tendrán una dura contienda en las elecciones regionales del año próximo, donde se quieren presentar con su propio partido: Firmes por la patria. Buscarán quedarse con la mayor cantidad de gobiernos locales y departamentales, desplazando y si pueden, eliminando la representación uribista. El desafío está planteado y frente a él, no se puede desconocer el gran poder y el conocimiento de la política de Álvaro Uribe. La contienda promete ser una de las disputas más intensas de los próximos años.

Las implicaciones de esta disputa para el sistema político colombiano aún están por verse. La nueva derecha cuenta con un líder de estilo confrontacional que empieza a mirar con buenos ojos la convocatoria de una Asamblea Constituyente, una iniciativa que, de prosperar, podría reconfigurar las reglas del juego político e incluso abrir el debate sobre la reelección presidencial. Enfrente está una derecha tradicional, identificada con el uribismo, que comparte buena parte de sus postulados, pero se resiste a ceder el liderazgo del espectro conservador. Los precedentes no son escasos: en Argentina, Javier Milei desplazó a las fuerzas tradicionales; en Chile, Johannes Kaiser ha irrumpido como una expresión de la nueva derecha; y en Estados Unidos, Donald Trump transformó por completo la dinámica del Partido Republicano.

Se avecinan reacomodos, nuevos alineamientos, fracturas y alianzas difíciles de anticipar. Las placas tectónicas de la política colombiana han comenzado a moverse y sus efectos apenas empiezan a sentirse. Como ocurre tras un sismo, algunas estructuras terminarán por derrumbarse, mientras otras emergerán con renovada fuerza. Lo que hasta hace poco parecía un equilibrio inalterable hoy se revela como un terreno inestable, capaz de sembrar incertidumbre entre quienes daban por descontada la permanencia del poder tradicional.

Autor: admin

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