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Opinión que desarrolla y construye paz

Júbilo infantil
Publicado: julio 28, 2026

Cada vez que el balón rueda, sus ojos brillan con una alegría imposible de contener. Es negro el color de su piel en su infantil figura. No tiene más de 5 años y posee los arrebatos de felicidad propios de ese momento de la vida. Ahora cuenta con todo: muchos juguetes, ropa, comida y sobre todo atenciones de su madre, abuela y especialmente de él, su hermano mayor, referente y al cual quiere imitar.

De todo lo que guarda, su juguete preferido es el balón de fútbol. Hay varios de distintos colores: negros, rojos, azules, pero el que más le gusta es uno amarillo. No sabe por qué. Pasa mucho tiempo pateándolo con fuerza contra un muro del patio grande de su casa. Allá conserva pequeños arcos para simular que anota muchos goles.

En su corta vida, no sabe lo que su familia sufrió para llegar a tener lo que ahora poseen. Ignora que su madre fue abandonada por su compañero al momento de quedar embarazada de su hermano mayor, el que él tanto admira. Hubo carencias y muchas dificultades, sorteadas con tesón y amor. Por su cabeza no pasa ni de lejos que proviene de una familia de migrantes a los cuales todo se les hace más difícil.

Lo que ve de su hermano mayor es sacrificio y disciplina. Lo ve salir cada día vestido con con sus sudaderas de entrenamiento que él quisiera también. Lo admira demasiado porque lo ve jugar cada semana por televisión. Escucha decir en todas partes que su hermano es una estrella del fútbol y cuando eso ocurre él siente que se hincha como un pavo real de orgullo.

Un día todo cambia. Hay maletas, aeropuertos, aviones y un viaje que para él parece un juego interminable. Ve desde muy alto del cielo el mar y territorios nuevos que nunca había visto. Va con su familia a un gigantesco estadio. No entiende el bullicio, las vestimentas, los sonidos, las banderas, las luces, los idiomas y el exceso de alegría. Se abraza a los suyos. Siente calor. Lo suyos transpiran emociones.

Pasa el tiempo del partido de fútbol. Su gente se abraza y como pueden lo hacen llegar al terreno de juego. Siente el césped húmedo. Hay jugadores llorando de tristeza y de felicidad. El corre feliz donde está su hermano. Devora la distancia. Se miran y se sonríen. Aprieta el paso y se abraza fuerte contra el cuerpo sudoroso de su bro como suele llamarlo. Saca la lengua, abre los ojos cuanto puede y aprieta el abrazo. Detrás de ellos, una copa dorada se levanta hacia el cielo. Él aún no comprende la magnitud de ese instante. Algún día descubrirá que aquella fotografía no guardaba únicamente la gloria de un Mundial: también contenía la historia de una familia que había aprendido a vencer mucho antes de que sonara el silbato final.

Autor: admin

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