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Mural
Publicado: agosto 18, 2026

Un mural se mira de lejos, pero se comprende cuando uno se acerca. Es casi siempre una obra de arte. Se pinta por un solo artista o muchos, directamente sobre una pared o un muro. En Colombia, en muchas regiones, los podemos ver. Los motivos son diversos. Hay murales sobre paisajes exaltando la biodiversidad y riqueza natural. También con motivos abstractos y algunos demasiado realistas con temáticas políticas de denuncia que polarizan más la sociedad. Hay que verlos como un producto estético interpretable según el ojo del observador.

Ahora mismo estoy volviendo a apreciar la imagen de la cubierta del libro de Ricardo Silva Romero publicado en 2025, titulado Mural. Consulto y es un cuadro de Pieter Bruegel que lleva como nombre El triunfo de la muerte y reposa en el Museo Nacional del Prado en Madrid España. Es una obra impactante compuesta por muchos elementos relacionados con la desolación y el triunfo del reino de Tanatos a través de la destrucción.

Silva Romero es un prolífico escritor colombiano que utiliza este cuadro como portada de esta, su última novela. Un texto febril alrededor de un hecho histórico trabajado por otros escritores y escritoras. Es un repiquetear en la memoria nacional. Es insistir con un golpeteo sobre un tema sobre el cual todos deberíamos informarnos: la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Al autor no lo disuade la existencia de otras voces antes de la suya contando y analizando este luctuoso hecho. Reconoce en otros textos sobre el Palacio de Justicia una contribución importante a develar la verdad, sin embargo, él quería contar la suya en 399 páginas. Lo que logra es admirable por la forma y el fondo, hay que reconocerlo.

No es cualquier novela. Hay un trabajo denso y juicioso de investigación con muchas voces y puntos de vista. El mural que nos presenta permite reconstruir la historia. Su narración desplaza la mirada, dirige la cámara como si fuera un cineasta no solo al hecho concreto de la toma, sino a los orígenes que vienen del pasado.

Aparecen los planos y los diferentes ángulos para contar una historia en imágenes. La violencia y la muerte cruzan la mayoría de escenas. Los actores de esta tragedia nacional se presentan desde sus actuaciones y motivaciones. Podemos sentir la rabia, el odio carcomiendo los espíritus, el miedo presente aún en los momentos de arrojo, los sueños extraviados anhelando un mejor país y el amor que moviliza consciente o inconscientemente hacía el desastre y la muerte ineluctable.

Doblan las campanas en un incesante repiqueteo alrededor de la guerra y la violencia porque quien escribe la obra ha sido víctima de ella por el asesinato de dos tíos, hermanos de su madre, e insiste hasta el cansancio “…que hay que leer y releer y releer, guardar el espíritu de las víctimas en libros como cofres, contar y contar lo que sucedió, en busca de las palabras precisas, porque no es posible recordar cuando no es posible nombrar”.

Quizás esa sea, finalmente, la razón de ser de un mural: permanecer en la pared para que nadie pueda decir que no lo vio.

Y quizá también sea la razón de ser de los libros. Convertir la memoria en una imagen que podamos volver a mirar cuando el tiempo pretenda borrarla. Porque un país que no nombra a sus muertos corre el riesgo de volver a matarlos con el olvido.

Autor: admin

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