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Semana Santa: entre la reflexión y la decisión política
Publicado: abril 3, 2026

La Semana Santa ha sido históricamente un tiempo de recogimiento, introspección y balance personal. Una pausa en medio del vértigo cotidiano que invita a revisar no solo nuestras acciones individuales, sino también el rumbo colectivo que estamos tomando como sociedad. Este año, sin embargo, esa reflexión trasciende lo espiritual y se instala con fuerza en el terreno político.

Mientras millones de colombianos buscan un espacio para la calma, los candidatos a la presidencia, lejos del silencio, afinan sus estrategias, recalibran discursos y ajustan alianzas. No hay tregua electoral. Cada gesto, cada declaración y cada omisión está cuidadosamente calculada en un escenario donde lo que está en juego no es menor: el futuro del país.

En este contexto, resulta imposible ignorar el papel de los grandes medios de comunicación. Sin despeinarse y sin el menor rubor, muchos de ellos continúan exhibiendo sesgos evidentes. No se trata ya de interpretaciones sutiles, sino de una narrativa que favorece abiertamente a ciertos sectores políticos mientras minimiza o distorsiona a otros. En particular, sorprende la forma en que se intenta restar protagonismo a Iván Cepeda, quien, según diversas mediciones, lidera con claridad las encuestas. Invisibilizarlo no lo hace desaparecer; por el contrario, pone en evidencia una práctica que erosiona la confianza en la información.

Del otro lado del espectro, emergen figuras que encarnan estilos políticos preocupantes. Abelardo De La Espriella —conocido por algunos como “el tigre”— parece haber adoptado un tono cada vez más confrontacional. Su actitud frente a los medios, especialmente cuando se le cuestiona por su pasado profesional, revela un talante autoritario que inquieta. Más que responder, evade; más que dialogar, confronta. Y en democracia, esa no es una señal menor.

Por su parte, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo intentan posicionarse en una supuesta centro derecha que, en la práctica, resulta difícil de sostener. Las conexiones ideológicas y políticas con el uribismo son evidentes, así como las sombras que han acompañado a ese sector en materia de escándalos y cuestionamientos por violaciones de derechos humanos. El disfraz de moderación no logra ocultar del todo una identidad política bien definida.

Entretanto, el llamado “centro” parece desdibujarse. Sergio Fajardo y Claudia López enfrentan el riesgo de la irrelevancia si no logran consolidar una postura clara y diferenciada. La ambigüedad, que en otros momentos pudo ser una estrategia, hoy se percibe como indecisión. Y en un escenario polarizado, la falta de definición puede ser el camino más corto hacia la marginalidad política. Si hay segunda vuelta —como todo indica— tendrán que tomar partido. No hacerlo ya no será una opción.

Estamos, como se dice en la hípica, en “tierra derecha”. El país se acerca a una decisión crucial, una en la que no bastan las emociones ni las lealtades automáticas. La ciudadanía tiene ante sí una responsabilidad histórica: elegir entre continuar un proceso de transformación o regresar a esquemas donde unas élites gobernaban prioritariamente en función de sus propios intereses.

La invitación, en esta Semana Santa, es a una reflexión profunda y honesta. No se trata solo de fe, sino de conciencia. De informarse, de cuestionar, de contrastar. De no dejarse llevar por narrativas prefabricadas ni por el ruido mediático. El voto no puede ser un acto mecánico ni una reacción impulsiva; debe ser una decisión consciente, informada y ética.

Porque al final, más allá de los candidatos, de los discursos y de las estrategias, lo que está en juego es el tipo de país que queremos construir. Y esa decisión, a diferencia de muchas otras, no admite indiferencia.

Autor: admin

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