Coinspirando

Opinión que desarrolla y construye paz

Inteligencia Artificial: ¿amenaza u oportunidad de reinventarnos?
Publicado: marzo 4, 2026

En 2018, el periodista argentino Daniel Oppenheimer, en su libro Sálvese quien pueda, advertía sobre los grandes cambios que se avecinaban en el mundo del trabajo. Hablaba de la obsolescencia de ciertas profesiones y del surgimiento de nuevas ocupaciones que exigirían habilidades distintas. Alertaba sobre la automatización y la robotización, y sentenciaba que, frente a ese maremoto tecnológico, no nos quedaba otra alternativa que adaptarnos. No podía tener más razón. Hoy esos cambios no son una predicción: son una realidad palpable.

Con el desarrollo vertiginoso de la Inteligencia Artificial (IA), la amenaza dejó de ser latente para convertirse en una transformación concreta que impacta nuestra vida cotidiana. Su influencia en la economía ya no está en discusión. Numerosos oficios y profesiones están siendo redefinidos, y algunos desaparecerán en muy poco tiempo.

En las grandes superficies comerciales de nuestras ciudades, por ejemplo, los parqueaderos ya no son operados por personas. Una cámara registra la placa del vehículo y el cliente paga en una máquina automatizada que calcula el costo según el tiempo de permanencia. En varias ciudades del mundo desarrollado comienzan a aparecer hoteles atendidos por robots. Extrañaremos la cordialidad del saludo humano en el proceso de registro, pero la eficiencia tecnológica avanza sin pausa.

Más aún, actividades tradicionalmente realizadas por ingenieros, arquitectos, médicos o abogados hoy pueden ser apoyadas —e incluso reemplazadas en ciertos procesos— por sistemas de IA. Las máquinas aprenden a una velocidad impresionante. En el campo de la salud, por ejemplo, ya existen aplicaciones capaces de analizar imágenes diagnósticas con niveles de precisión comparables o superiores a los humanos en tareas específicas. Esto no significa la desaparición inmediata del profesional, pero sí una profunda transformación de su rol.

Lo que presenciamos es, en esencia, la industrialización de la información. El poder se concentra en quienes poseen datos, infraestructura tecnológica y talento especializado. Esta dinámica puede profundizar la desigualdad global. Los países que dominen la IA aumentarán su competitividad, atraerán inversión y generarán empleos de alto valor agregado. Los que no lo hagan corren el riesgo de quedar relegados a tareas de bajo margen y escasa innovación. No es casual que estemos viendo una verdadera carrera geopolítica por el liderazgo en inteligencia artificial.

En este contexto ineludible, Colombia —con todas sus complejidades socioeconómicas— debe reorientar sus procesos educativos hacia la apropiación crítica y creativa de estas herramientas. La IA puede incorporarse en múltiples actividades productivas, desde la agricultura hasta la medicina. Ya se utilizan imágenes satelitales y datos climáticos para definir áreas aptas para cultivos o ganadería. Existen aplicaciones que permiten monitorear la salud de los cultivos desde un teléfono celular, optimizando recursos y aumentando la productividad.

Las posibilidades son enormes. La IA puede convertirse en un factor de exclusión y desempleo si no nos preparamos. Pero también puede ser una poderosa herramienta de progreso si invertimos en formación, pensamiento crítico y capacidades digitales. La diferencia no la marcará la tecnología en sí misma, sino nuestra actitud frente a ella.

Hace poco, un amigo adulto mayor me decía, con notable entusiasmo, que su propósito actual es aprender a utilizar la inteligencia artificial. Me contaba que existen cursos gratuitos en línea y que está decidido a no quedarse atrás. “Aprendo y la aprovecho en mi trabajo”, me insistía. Su actitud me dejó una reflexión profunda: si ese mismo entusiasmo lo asumieran nuestros jóvenes, el país podría dar un salto significativo en productividad, innovación y calidad de vida.

La historia demuestra que cada revolución tecnológica genera temores, pero también oportunidades inéditas. La pregunta no es si la Inteligencia Artificial transformará nuestras vidas —eso ya está ocurriendo—, sino si decidiremos ser espectadores pasivos o protagonistas activos de esta nueva era.

Porque, como dice el dicho popular, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

Autor: admin

Coinspirando